Devocional 11 de Noviembre 2017

PALABRAS QUE EDIFICAN


EFESIOS 4:29 “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.
2ª TIMOTEO 2:16 Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad.

Una de las características especiales con las que el Señor nos adornó es con el lenguaje articulado para comunicarnos. La capacidad de expresar ideas, sentimientos, conocimientos constituye uno de los tesoros más preciados que Él nos ha regalado.

Son múltiples las citas bíblicas que nos ilustran acerca del manejo de la palabra; hoy centraremos nuestra reflexión en dos recomendaciones que sobre el tema hizo el apóstol Pablo.

La primera de ellas la hace a la iglesia de Éfeso y por tanto la hace en plural para referirse a todos sus lectores, a nosotros como iglesia. Es una exhortación que puede pasar desapercibida porque no damos al término corrompida la connotación precisa; pensamos que hace alusión únicamente al vocabulario soez y que como no lo usamos (o casi no), ese versículo no nos atañe. Gran equivocación, no es solamente ninguna palabra grosera la que no debemos usar sino todas aquellas que expresan burla, menosprecio, ironía, desdén, desánimo, mentira, exageración, altanería, crítica, comparación, insulto, sarcasmo, adulación, condescendencia, etiquetas y demás cuyo efecto es perverso y destructor.

Pablo insta a pronunciar aquellas que edifican, construyen, aportan y son gratas a quienes las oyen.

La segunda cita corresponde a una recomendación de índole personal, es dirigida a Timoteo y hoy a usted y a mí. Es más íntima y cercana, es un consejo paternal y al igual que el anterior aplicable en todas las latitudes y a todas las personas. Las dos citas, como toda Su Palabra, son coherentes, complementarias y verdad.

Coloquialmente Pablo dice a su amado discípulo, evita las palabras profanas y la vana palabrería; en otros términos, no pierdas el tiempo hablando lo que no edifica y pronunciando y repitiendo palabras que son inútiles, no santas, vacías, sin sustancia, sin peso, sin importancia. Y enseguida le dice: porque conducirán más y más a la impiedad. Conducir más y más es llevar a término seguro, indefectiblemente al pecado. ¡Claro, es una realidad, la palabra que no construye, destruye y si contribuyo a destruir, estoy pecando.

REFLEXIÓN:
Hablar es un privilegio y una responsabilidad que Dios nos otorga, también somos mayordomos de la palabra que Él nos permite usar para comunicarnos. ¡Que mis palabras le honren y sean de edificación a quienes las escuchan!


Escrito por:
Myriam González de Bohórquez
Docente y Tutora del IBPS

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.