Devocional 18 de Enero 2018

EL ENOJO


SANTIAGO 1:19-20   Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. ECLESIASTÉS 7:9 No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.

El enojarse no es condenable en sí mismo, es una emoción que hace parte de la amalgama de características con la que contamos los seres humanos y que consiste en una alteración del regular ritmo comportamental que incide en la fisiología y en las relaciones interpersonales. Esta alteración varía en intensidad que va desde la simple molestia hasta un estado de furia intensa.

Es sobre el control de esta emoción que los dos textos de referencia nos alertan. En primera instancia Santiago advierte sobre la importancia de desarrollar diferentes velocidades de acuerdo con la acción, concretamente insta a ser prontos para escuchar y tardos para hablar y para airarse ya que nuestra ira no mueve a Dios para hacer justicia; la recomendación es clara; vuelve a leerla.

El Predicador en sus reflexiones de Eclesiastés, aproximadamente mil años antes ya había alertado sobre la prisa en perder el control y recomienda, con otras palabras pero idéntico sentido, no te apresures a enojarte. Agrega otra advertencia: el enojo reposa en el seno de los necios. ¿Más claro? Sentir enojo, molestia, inconformidad, malestar por algo que consideramos desconsiderado o injusto está bien, ¡pero ya! Tómelo sin prisa y con calma, no permita que este sentimiento more, permanezca, se convierta en inquilino de su espíritu. Ahí hay pecado.

REFLEXIÓN:
Renuncie a ser catalogado como necio por Dios y por sus prójimos, que su carácter apacible y afable no sean enlodados por la falta de control del enojo, que su salud física y emocional permanezcan incólumes ante este sentimiento, que a veces no parece controlado por usted sino por su adversario. Sonría y deje pasar.


Escrito por:
Myriam González de Bohórquez
Docente y Tutora del IBPS

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.