Devocional 18 de Julio 2018

NUESTRO LUGAR CELESTIAL LA NUEVA JERUSALEN


APOCALIPSIS 21:1-8 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. 5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. 6 Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.7 El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.8 Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

CANDO CRISTO ESTUVO EN LA TIERRA, Juan escucho de Él la promesa de preparar un lugar para sus seguidores (Juan 14:3). Muchos años después, al Apóstol le fue dada una visión de ese lugar y vio la nueva Jerusalén descender del cielo. El espectáculo más allá de toda descripción humana pero el hizo su mejor esfuerzo para comunicar su visión celestial en el lenguaje terrenal (Ap21:9-22:5). Juan vio el fulgor de la gloria de Dios irradiando desde la estructura de la ciudad, cuyos cimientos brillaban con los colores deslumbrantes de las piedras preciosas. Las puertas estaban hechas de perlas y las calles de oro. Esta ciudad de unos dos mil cuatrocientos km de largo en forma de cubo fue diseñada por el Señor para que Él y la humanidad vivan juntos por toda la eternidad. En los versículos 3 y 4 de capitulo 22, juan señala que “el trono de Dios y del cordero estará en ella y sus siervos le servirán, y verán su rostro”.

A pesar de que nos resulte difícil imaginar la estructura física de la nueva Jerusalén, sabemos y nos regocijamos por el hecho de que ciertas cosas estarán ausentes de esta ciudad celestial; es decir, allí no habrá dolor, lágrimas, llanto o muerte. El pecado y todas sus consecuencias serán extirpados cada frustración, molestia y problemas cesarán. Nadie tendrá discapacidades y nuestros cuerpos jamás se cansarán o enfermarán.

REFLEXIÓN:
Cuando las dificultades que usted enfrente se vuelvan agobiantes, enfóquese en su glorioso futuro celestial. La única vez que experimentaran dolores y dificultades será en esta vida terrenal. Cuando camine por las calles de la nueva Jerusalén con el salvador, y todos los estragos causados por el pecado habrán desaparecido y su gozo será completo.


Escrito por:
Pastora: Luz Adriana Giraldo
ICC MIAMI

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.