Devocional 23 de Septiembre 2017

LEER Y OIR


APOCALIPSIS1:3 “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”


Es común hablar con cristianos que manifiestan no leer el libro de Apocalipsis; los argumentos son entre otros: Me da miedo, no entiendo, más adelante. Satanás no quiere que conozcamos la realidad de los últimos tiempos y el fin que le espera. Si estamos seguros de en quién hemos creído y que nuestra conversión es genuina, la lectura de este libro debe ser motivo de esperanza porque revela la grandeza de Dios, su intervención en la historia futura de la humanidad que nos alienta a creer en la destrucción del maligno y sus secuaces y por tanto en la desaparición del mal.

Apocalipsis no es solo un libro profético, también proclama su carácter y grandeza de modo que podamos confiar plenamente en Él; además contiene hermosas bienaventuranzas, de las cuales el texto de referencia es la primera.

La naturaleza de Apocalipsis y las condiciones históricas del tiempo en que fue inspirado conduce a que debía ser leído en voz alta para que la congregación oyera y lo aplicara, es decir obedeciera y así generar y acrecentar la seguridad que Dios es el rector de la historia.

Pues bien, los tiempos han cambiado pero la Palabra sigue siendo la misma y sus promesas de bienaventuranzas son las mismas: Hoy también son bienaventurados quienes leen y escuchan Apocalipsis en particular y La Escritura en general para obedecer y estar preparados para los acontecimientos de los últimos tiempos.

REFLEXIÓN:
Leer, escuchar y obedecer la Revelación, el Apocalipsis, es garantía de bendición. El Señor promete que seremos bienaventurados quienes lo hacemos, es decir que gozaremos de la felicidad dada por Él. Confiemos que el Espíritu nos dará sabiduría y entendimiento para leerlo, escucharlo y entenderlo.


Escrito por:
Myriam Gonzales de Bohórquez
Docente y Tutora del IBPS

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.