Devocional 24 de Noviembre 2017

¿QUÉ HACER CON LAS DEBILIDADES?


2ª CORINTIOS 12:9-10 “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, …porque cuando soy débil, entonces soy fuerte".

Es necesario definir el término debilidad.

La debilidad es la condición de minusvalía en alguna área de la persona; puede ser una carencia, un defecto o una imperfección de índole física, intelectual, moral, relacional o espiritual. Todos las tenemos en mayor o menor medida. Usted conoce las suyas y yo las mías.

La necesidad de aceptación hace que la posición que asumimos con respecto a las debilidades es la de negación, encubrimiento, excusa, defensa o resentimiento; frecuentemente tratamos de suplirlas exaltando algunas cualidades que las contrarrestan, por ejemplo ante la timidez en nuestras relaciones asumimos comportamientos de arrogancia, usamos zapatos favorecedores a una baja estatura y muchos ejemplos más que ilustran el tema.

¡Hay noticias! Dios quiere usar nuestras debilidades. Sí, Él ha dicho: porque mi poder se perfecciona en la debilidad, y Pablo lo ratifica cuando escribe: y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte. Alegrémonos, Él está dispuesto a usarnos con todo y debilidades para sus propósitos.

Debemos diferenciar las debilidades de los pecados, vicios, debilidad de carácter; condiciones que debo cambiar; las debilidades son limitaciones heredadas o adquiridas y que no está en nuestras manos cambiar. Dios las conoce y hace de nosotros vasos de honra en su obra.

Entonces ¿Qué hacer con ellas? Lo primero es identificarlas es decir admitir que las tenemos, luego, dejar de ocultarlas a los demás, mostrar nuestra humanidad con sus carencias y falencias no es pecado, es integridad; luego ¡alegrarnos de tenerlas! Sí, nada fácil pero es el paso que da lugar al siguiente ¡¡gloriarnos en ellas!! Porque de esta forma nos hacemos dependientes del Espíritu Santo para recibir su ayuda. La Palabra lo dice: de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad.

REFLEXIÓN:
A mayores debilidades más largos procesos de reconocimiento, aceptación, descubrimiento, tornar nuestra preocupación por alegría y nuestra autosuficiencia por dependencia del Espíritu, entonces ¡Comencemos ya!


Escrito por:
Myriam González de Bohórquez
Docente y Tutora del IBPS

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.