Devocional 25 de Noviembre 2017

DESPIERTOS


LUCAS 9:32 “Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él”.


Marcos Brunet es autor de un libro que se titula Dios no tiene favoritos, tiene íntimos; su tema es la adoración y en uno de sus apartes dice: Adoración es una respuesta a la presencia del Padre, por eso cuanta más intimidad, más revelación y más comunión entre el cielo y la tierra…Él no tiene favoritos tiene íntimos.

Sin duda había sido un largo día y ahora El Señor los lleva a orar y no a un terreno llano, a un monte. Pedro, Juan y Jacobo constituyen su círculo más cercano; no eran sus preferidos, eran sus íntimos; quienes le acompañaban en sus largas jornadas de oración, unas veces se dormían, pero esta, vez aún rendidos de sueño permanecieron despiertos. Eran testigos de la gloria de Jesús, de la íntima relación del Padre con el Hijo, de la manifestación de la presencia divina, de la transfiguración como revelación de su divinidad, de la seguridad de la obra redentora que estaba por realizar, de la visión de la presencia de Moisés y Elías respaldando la misión del Mesías como símbolos de la ley y los profetas. ¡Un momento memorable! Y ellos testigos de primera fila: ¡Estaban despiertos!

Estar despierto significa estar alerta, estar en uso pleno de las facultades físicas, intelectuales y espirituales; significa poder escuchar y ver claramente, significa poder hablar coherentemente, darse cuenta de lo que sucede alrededor. Solamente estar despiertos les significó a los íntimos del Señor una experiencia tan extraordinaria; estar despiertos a pesar del sueño y el cansancio.

El sueño no es solamente un estado fisiológico de reposo; puede ser un estado espiritual de letargo, contrario a la vigilia, opuesto a estar alerta, y en este plano, el sueño no es un mecanismo de autorregulación, es un estado de embotamiento que limita la plenitud de la intimidad con Dios. Igual que el sueño fisiológico comienza con la disminución de la actividad para dar paso al aletargamiento y luego a un estado de inactividad e inconciencia, que propician una condición de vulnerabilidad.

Espiritualmente, en contraposición con el área fisiológica, no necesitamos dormir; requerimos estar despiertos; es más, dormir es un riesgo, no solo de que el enemigo aproveche el letargo sino de perdernos disfrutar de la presencia de Dios, de ser inferiores al propósito con el que hemos sido llamados, de no cumplir a cabalidad con el servicio encargado, de no tener tiempos de refrigerio espiritual.

REFLEXIÓN:
Los ejercicios espirituales como la oración, la lectura y estudio de la Palabra, el ayuno regular, la comunión con la iglesia, el activo servicio son antídotos contra el sueño y los tenemos a la mano y diariamente. ¡Estemos despiertos!


Escrito por:
Myriam González de Bohórquez
Docente y Tutora del IBPS

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.