Devocional 27 de Noviembre 2017

JABÓN DE LAVADORES


MALAQUÍAS 3:2 “¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿O quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores”.

Utilizando un aparte de John MacArthur de su libro “Memoria de dos hijos” en el que dice: Demasiadas personas hoy día dan por sentado el perdón de Dios; creen que a Él le preocupa tan poco el pecado, que cosas como redención, expiación e ira divina son conceptos ingenuos, ordinarios y anticuados.

Muchas tendencias religiosas, incluso dentro del cristianismo, han exaltado algunos atributos de Dios como el amor, la misericordia, la clemencia y han minimizado, ocultado u olvidado que Él es un Dios íntegro y como tal también es justo y por tanto muestra su ira contra el pecado y castigará quienes persisten en una vida pecaminosa con severidad.

Las dos figuras usadas por el profeta Malaquías hacen referencia a la obra purificadora del Señor; en primer lugar la compara con el trabajo del orfebre quien para purificar el oro lo debe someter a altísimas temperaturas; en este proceso las impurezas, llamadas escoria, se separan del metal para ser recogidas y desechadas; en el segundo símil recurre a una actividad más común como es el de lavar, éste no era un oficio tan fácil como lo concebimos hoy; el lavador era una persona que con una solución alcalina, (lejía o jabón) sin suavizantes ni aromatizantes, pisaba o batía con palos la ropa muy sucia o la lana recién esquilada para blanquearlas; el desagradable olor del jabón de lavadores y la suciedad de la lana o ropa, hacían que esta labor fuera realizada fuera de las ciudades.

En las dos comparaciones la referencia es la limpieza del pecado, proceso purificador al que debemos someternos. Dios muestra su amor a través de la obra redentora, Él desea perdonar nuestros pecados pero debemos reconocer nuestra necesidad de perdón, no tenemos que hacer nada más sino aceptar que solamente por la obra de Salvación del Señor Jesucristo podemos ser lavados y purificados.

Cuando ya hemos sido lavados y purificados por su misericordia, es nuestro deber, nuestra misión, mostrar a otros el alcance de la salvación y las consecuencias del pecado para que también ellos se sometan al fuego purificador y al jabón de lavadores que es la sangre del Señor Jesucristo.

REFLEXIÓN:
Compartamos con otros de su amor pero también de su justicia.


Escrito por:
Myriam González de Bohórquez
Docente y Tutora del IBPS

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.