Devocional 28 de Noviembre 2017

CUIDANDO NUESTRA MENTE


PROVERBIOS 4:23. “ Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”.


El corazón en la Biblia hace referencia a tres áreas del ser humano: Intelectual, emotiva y volitiva; es el centro del pensamiento, las emociones y la voluntad; la anterior precisión nos permite ver el amplio significado de la recomendación de Salomón.

Nuestras emociones son respuestas a diferentes estímulos y se reflejan en las diferentes maneras del comportamiento; constituyen las demostraciones de afecto, las expresiones de aversión, la inclinación hacia determinadas actividades y en general todo lo que tiene que ver con lo que sentimos hacia las personas, las cosas.

La voluntad no es otra cosa que el ejercicio del libre albedrío, la capacidad de escoger entre una cosa y otra, de tomar opciones, de decidir frente a diferentes alternativas; es una poderosa característica colocada por el Creador que determina nuestro presente y nuestro futuro.

La actividad intelectual se puede resumir en la elaboración de pensamientos, capacidad de analizar, sintetizar, elaborar hipótesis. El intelecto es un motor de desarrollo dado por Dios y tiene su escenario en la denominada mente.

Hoy nos detendremos, muy sucintamente en la mente del cristiano; no es un secreto que es allí en donde sostenemos las mayores batallas, en donde realmente Dios y yo conocemos de nuestra verdadera naturaleza; a través del ejercicio de la vida cristiana dejamos hábitos pecaminosos y procuramos no cometer pecados por omisión ni acción; es decir donde las emociones y la voluntad son determinantes, pero los pecados mentales (¿?), sí todas esas elaboraciones de la mente que tienen que ver con lujuria, envidia, venganza, chisme, calumnia, suicidio, asesinato, avaricia, robo; pero también con la implantación mental de ídolos, dioses diferentes al Verdadero, teologías extrañas, pensamientos permisivos y condescendientes frente al pecado propio y ajeno; como si fuera poco, mentes embotadas en la propia complacencia, alejadas del propósito de Dios, mentes que no se nutren de la Palabra y que están lejos de responder a “tener la mente de Cristo”. Esos pecados que no salen a la superficie, esos que los otros no conocen, esos que Dios conoce, porque Él “ha entendido desde lejos mi pensamiento” deben ser objeto de abandono, de permanente ataque y destrucción por medio de nuestra voluntad y nuestro deseos (sentimientos) de no contristar al Espíritu ni ofender a Dios. Se ha hecho tan popular la premisa que la mente es el escenario de ataque preferido del enemigo, que lo hemos confundido con que es imposible salir en victoria.

REFLEXIÓN:
La oración permanente, la lectura, memorización, declaración y vivencia de La Escritura, una férrea voluntad y un sincero propósito de agradar a Dios son armas para atacar, derrotar y abandonar los pecados mentales. ¡Manos a la obra! Tenemos el respaldo y ayuda del Espíritu Santo. Recordemos que Dios es el espectador de nuestros pensamientos ¡Honrémoslo con ellos!


Escrito por:
Myriam González de Bohórquez
Docente y Tutora del IBPS

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.