Devocional 29 de Septiembre 2017

ENTRANDO A LA CIUDAD


APOCALIPSIS 22:14 “Bienaventurados los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.”


En el Edén aparece la primera referencia al árbol de la vida. Génesis 2:9; el Señor lo plantó en medio del huerto pero el pecado de Adán y Eva impidió que ellos comieran de su fruto; fueron expulsados y el camino hacia el árbol custodiado. La razón, no podrían tener vida eterna bajo el dominio del pecado.
La descripción de la Jerusalén celestial que aparece desde el capítulo 21 de Apocalipsis refiere en 22:2 En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Sí, el árbol de la vida en el Paraíso Eterno.

Para llegar al río y a sus orillas donde está el árbol es necesario entrar por las puertas de la ciudad. 21:21 Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. Cada escena en particular y el conjunto en general es una obra de Dios indescriptible. Esta revelación dada a Juan es un panorama de lo que gozaremos en la Vida eterna.

La séptima y última bienaventuranza de Apocalipsis y de La Biblia tiene como condición: Lavar sus ropas, tenerlas limpias. ¿Quiénes son los que lavan sus ropas? Aquellos que aceptan la Gracia de Dios y buscan cada día vivir vidas de santidad, esforzándose, por amor a Él, en mantenerse fieles y preparados para la venida de Cristo. Si Jesús ha perdonado nuestros pecados podremos no solo entrar a la ciudad sino comer del árbol de la vida eterna.

El mismo Señor Jesucristo, en su mensaje a la iglesia de Sardis exhorta y promete a los que salgan victoriosos que se les vestirá de vestidos blancos y sus nombres no serán borrados del libro de la vida.

REFLEXIÓN:
Si ya hemos sido lavados y nuestras vestiduras son limpias, es nuestra responsabilidad cuidar de lavar, mediante el diario reconocimiento de pecado y petición de perdón, cada mancha que pueda manchar nuestra vida. ¡Bienaventurados si lo hacemos!


Escrito por:
Myriam Gonzales de Bohórquez
Docente y Tutora del IBPS

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.